domingo, 15 de mayo de 2011

García Sabal, entre piedra, arena y espejos

18
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Entre las cosas viejas, entre las cosas
que uno guarda como viejas, encontré,
un ovillo de papel viejo, un dibujo.
No lo había olvidado, pero con los años
todo se hace flaco, se entumece la memoria.
Abrí la cartulina, la clavé en una pared
y miré largo rato ese cuerpo austero,
cara, ojos, boca, lo joven intacto.
Entonces le hablé, hablé a ese que fui,
y era ajeno, extraño a mi corazón.
Sin arrepentiemiento volví a ovillarlo
y lo guardé en el lugar de lo viejo.
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Después caminé por la casa y vi un jardín
(que no tengo) y leopardos que eran pumas
y panteras o pájaros altos (que no conozco)
y también cebras que eran burros o asnos
y la cola de un caballo blanco y la seda
de una yegua dormida como un gato.
Me dije, entonces, que el recuerdo era otro
y la memoria otra: una trampa que ardía,
extranjera, monótona, como la vida.
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20
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Ahora es la hora de acordarnos: somos
nosotros, no hay nada que temer: no hay
nubes negras en ninguna parte y el sol
repetirá su lado de sombra. No hay nada que temer.
Está en orden la rueda del mundo, y la vida
sigue más allá de nosotros, mientras remamos
hacia algo que nos esquiva y arrastra:
sombra, sol, pies, espejos que se hunden,
botes haciendo agua, pasillos hacia abajo.
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Ahora que todo es piedra y arena y no buscamos
algo perdido en otra vida, es la hora de andar
solos entre lluvias y barro, la hora de ir
entre pasado y futuro, en agua, hoyo de agua,
espiral, lazo en la garganta. Es ahora la hora.
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Jorge García Sabal (1948, Balcarce, Buenos Aires- 1996, Buenos Aires), de Sutura. Libros de poesía: El fuego de las aguas, 1979. Figura de baile, 1981. Mitad de la vida, 1983. Lugares propios, 1987. Tabla rasa, 1990. Sutura, 1994.

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